Los caballos cimarrones

1766 – Campos de Areco

Los caballos cimarrones

“A templo lleno han cantado en Buenos Aires los veinte niños indios del coro de la misión de los jesuitas en San Javier. Han cantado en la catedral y en varias iglesias; y el público supo agradecer esas voces venidas como del alto cielo. También ha hecho milagros la orquesta guaraní de violines y trompas marinas. Los músicos emprenden el regreso, conducidos por el fraile Hermann Paucke.

Dos semanas de viaje los separan de sus casas en el litoral. En los altos del camino, Paucke recoge y dibuja todo lo que ve: plantas, pájaros, costumbres. En los campos de Areco, Paucke y sus músicos guaraníes asisten al sacrificio de los caballos cimarrones. Los peones llevan a los corrales a estos caballos salvajes, mezclados con los mansos, y allí los enlazan y los van sacando, uno por uno, a campo abierto. Entonces los voltean y les abren el vientre de un tajo. Los cimarrones galopan todavía, pisándose las tripas, hasta rodar en el pasto; y al día siguiente amanecen los huesos blanqueados por los perros.

Los caballos salvajes andan por la pampa en tropillas que más parecen cardúmenes, peces voladores ondulando entre el aire y el pasto, y contagian a los caballos mansos sus costumbres de libertad.”

 

Eduardo Galeano, in Las caras y las máscaras Vol II (ou aqui)

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