Empalhadores

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Encontrado num pardieiro poeirento dessa América do Sul, comprado por cinco reais, vir-se-ia a revelar um dos melhores livros de contos (ou micro-contos) que alguma vez li: Jabalíes Domésticos y Cerdos SalvagesDe César Fernando Díaz. Traz na dedicatória esta frase monumental a que os contos fazem jus: La História se constroye con pequeñas histórias. El Maldito dia a dia.

Há ali muito de bom. Mas talvez nenhum suplante o último dos   contos. O da p. 74; el artista:

el artista

El chico agarró al gato com una frazada y lo ahogó en la pileta del lavadero. Con una navaja del padre le trazó una línea en la panza y le fue levantando el cuero. Lo más difícil fue separar el cuero de la cabeza sin dañar ni las pestañas ni las orejas. Una vez que sacó toda la piel, la estaqueó en una madera y la llenó de sal gruesa. Al cráneo lo hundió en el medio de un hormiguero de hormigas coloradas que había en el fondo de la casa.

A las dos semanas, com alambres y estopa empezó a reconstruirlo. Con la misma navaja consiguió um par de ojos de plástico de una muñeca de su hermana.

Una vez terminado, les enseñó el trabajo a varios de sus amigos y todos se mostraron entusiasmados, pero uno de ellos le dijo el mayor elogio, el que él estava esperando:

– Es hermoso. Parece que estuviera vivo.

Recordo frequentemente este texto ao deparar com coisas bem escritas. Frequentemente na blogosfera. Qualquer artista, por belíssimo que seja o texto, sem empatia e compaixão, cai no ridículo. Fatalmente, no abjecto.

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